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Café: origen y tradición

El café es una bebida producida a partir de los granos tostados del cafeto.

Café: origen y tradición

Artículo disponible en: PT-BR ENG

Pasado actualización: 15/02/2023

Por: Cláudia Verardi - Bibliotecario de la Fundación Joaquim Nabuco - Doctorado en Bibliotecología y Documentació

"¿Quiere un café?",  esta es una de las frases más comunes que se escuchan en todo el mundo. El café puede ser un calmante para el estado de ánimo, un consuelo en momentos difíciles, el descanso entre reuniones, la compañía durante la espera, una cortesía de los anfitriones o simplemente puede estar presente en otras situaciones envolviendo esa cordialidad que demanda la sociedad. Amabilidad aparte, la bebida “mágica” se ha convertido en una costumbre que tiene el poder de unir a las personas desde tiempos remotos.


Hoy en día, difícilmente podemos imaginar nuestra vida sin café, es tan poderosa la costumbre de beberlo que en Brasil el desayuno se llama “café da manhã”.


Beber este líquido negro y preciado, que está presente en diferentes ocasiones y en varios lugares del mundo, es un acto milenario, casi ritualista, el cual tiene una historia de altibajos que se ha mantenido a lo largo de los siglos. Sin embargo, todo el proceso completo hasta que el café llega a la mesa es bastante más complejo de lo que se imagina, ya que el cafeeiro (cafeto), según Guimarães (2010), puede tardar hasta seis años en germinar, puesto que la planta para poder dar fruto depende significativamente de las condiciones naturales.

 

El café fue descubierto en Etiopía alrededor del año 525 (d.C.) y luego cruzó el Mar Rojo y fue llevado a Arabia. De acuerdo con Mistro (2012), la palabra café no se origina en Kaffa como su nombre indica, sino de la expresión árabe qahwa, que significa vino. Por esta razón, el café era conocido como el “vino de Arabia”.


Conforme Martins (2010), los etíopes se alimentaban de su pulpa dulce, a veces macerada o mezclada con manteca de cerdo, y también producían un zumo que, al fermentarse, se transformaba en bebida alcohólica. Las hojas se usaban para hacer té o simplemente se masticaban. Con fines medicinales, desde el año 1000 (d.C.), se hacía una infusión del fruto (sumergido en agua hirviendo para obtener otra sustancia) con cerezas hervidas en agua. En el siglo XIV, con el tueste, la bebida finalmente adquirió la forma y el sabor que conocemos hoy. Aun así, se acepta la hipótesis de que los árabes comenzaron a tomar café en el siglo XV.


Hay varias especulaciones sobre el origen del café, pero varios autores convergen y citan una de las "leyendas" más importantes sobre su descubrimiento: se dice que fue un pastor etíope quien notó que algunas de sus cabras cambiaban de comportamiento tras ingerir las hojas del cafeeiro, y este hecho influyó en los hábitos diarios de aquellos monjes que se interesaron por el producto.


La leyenda de Kaldi, según Martins (2012), recogida en manuscritos encontrados en Yemen en el año 575, es considerada la primera referencia alusiva al café y ha recibido varias versiones, tal y como suele ocurrir con los relatos legendarios, ya sea de forma escrita u oral, consecuencia de la imaginación popular o poética. Pero a pesar de todo, un escenario resulta inalterable, la descripción del descubrimiento del efecto estimulante del fruto sobre las cabras por parte del mencionado pastor en Etiopía (Nordeste de África).

 

Desde Etiopía se llevó el café hacia Arabia. Los árabes intentaron mantener el privilegio de su descubrimiento, ya que fueron los primeros en cultivar esta planta "milagrosa", y que adquirió una gran importancia social debido al uso en la medicina de la época para curar diversos males. Posteriormente, desde Arabia, llego primero a Egipto en el siglo XVI y después a Turquía.

 

De acuerdo con Martins (2012, p.21), “La costumbre de tomar café como bebida placentera, en casa o en espacios colectivos, se potenciaría a partir de 1450”. También nos cuenta el autor que, a lo largo del siglo XVI, los árabes ampliaron sus plantaciones y que la región de Moka, cerca de Yemen, fue una de las principales responsables por el cultivo, así como la mayor exportadora de la época. A pesar de todo, corresponde a Turquía ser pionera en la costumbre de beber café como ritual de sociabilidad.

 

En 1475 se abrió el primer café del mundo: el Kiva Han en Constantinopla (actual Estambul, Turquía), marcando el inicio de la generalización del consumo de la bebida. Seguidamente, aparecieron lujosas y suntuosas cafeterías en Oriente, naciendo también la idea de agregarle azúcar.

 

Hasta el siglo XVII, únicamente los árabes producían café, y alemanes, franceses e italianos buscaban ansiosamente la forma de desarrollar cafetales en sus colonias. El continente europeo comenzó a degustar café a partir de 1615, traído de los países árabes por comerciantes italianos. Especialmente en Venecia, se desarrolló el hábito de ingerir café, relacionado con reuniones sociales y música en las alegres botteghe del caffè (cafeterías). Incluso hoy en día, los cafés italianos tienen tradición y forman parte de la cultura local. En Venecia, el Café Florian aún conserva el glamour del siglo XVII.

 

En cambio, Inglaterra fue el primer país de Europa en fomentar la costumbre de beber café. En 1652 se inauguró en Londres la Pasqua Rosée, que tenía el nombre del propietario de origen griego. A lo largo del siglo XVIII, los famosos cafés ingleses formaron parte de la escena cotidiana, algunos de ellos bastante destacados como: Lloyd’s, Dick’s, Nando’s, Percy y Bedford Coffehouse, siendo este último uno de los más tradicionales. No obstante, a mediados del siglo XIX, la cultura del té sustituyó a la del café y, por consiguiente, el producto dejó de tener tanta importancia para los británicos.


Por su parte, a partir del siglo XVIII en Francia, se encargaron de mantener las cafeterías como espacio de aprendizaje y socialización, siendo el primer país de Europa en añadirle azúcar al café. En 1720, París contaba con aproximadamente 380 establecimientos, llegando a tener 900 cafeterías a finales del mencionado siglo. Uno de los cafés parisinos más famosos se inauguró en 1686, el Café Procope, fundado por Procopio dei Coltelli, siendo considerado el café más antiguo del mundo en funcionamiento hasta el día de hoy, después de haber sido transformado en el restaurante Le Procope (ver: http://www.procope.com/).

 

Varios autores afirman que el café llegó a Brasil en 1727, procedente de la Guayana Francesa, a través de Francisco de Mello Palheta, quien inicialmente estableció una modesta plantación en Belém do Pará. En 1727, a pedido del gobernador del Estado de Grão-Pará y Maranhão*, el Sargento Mayor Francisco de Melo Palheta (actualmente equivalente al rango militar de Mayor) emprendió la misión de obtener plantas de café, producto que en ese momento ya tenía un gran valor comercial. Por otra parte, existía una ley (Provisão Régia, del 8 de enero de 1721) que prohibía a los colonos de Brasil comerciar con los franceses de la Guayana (a la que luego se sumó la banda de Claude d'Orvilliers, prohibiendo a los habitantes de la colonia francesa vender café “capaz de nascer” para los portugueses).

 

Ante tanta dificultad, pero visto el inmenso interés por la introducción de las “rubiaceae” (como se denomina a la familia de plantas como el cafeto) en Brasil, el propio gobernador aconsejó al final de la expedición, según Magalhães (1939, p. 85),  sencillamente hurtar “Algunos granos” de café. Conforme menciona el autor, no se le puede reprochar tal proceder, considerando que ya era corriente en la tradición oral portuguesa el adagio popular: “Quien roba a un ladrón tiene cien años de perdón”. Esta referencia se debe a que la introducción del café en Francia no se habría hecho de otra forma diferente a la citada anteriormente. Por otra parte, Palheta no obedeció la orden de esa manera, ya que supuestamente, durante el viaje a la Guayana Francesa,  habría obtenido el producto confraternizando con la esposa del gobernador.

 

Conforme Basilio de Magalhães (1939, p. 66), todo indica que el comandante de la expedición se dirigió al palacio de la máxima autoridad de Cayena y allí le sirvieron una taza de café, y que al ingerirlo por primera vez en su vida, lamentó que en su tierra aún no existiese una bebida tan deliciosa. La esposa del gobernador, Madame Claude D'Orvilliers, "con la peculiar galantería de las mujeres francesas de buena reputación", presuntamente metió un puñado de granos de café en uno de los bolsillos de su abrigo, a la vista de su sonriente esposo, para que cuando regresara a Belém pudiera revivir el placer que le había dado la bebida. Esta intervención legendaria o real, a tenor del citado autor, sería únicamente una forma poética de describir los hechos, ya que Palheta adquirió cinco plantones de cafetos en Cayena y una cantidad de semillas mucho mayor que la atribuida por la tradición a la noble mano de Madame Claude D’Orvilliers.


Francisco de Melo Palheta no las sustrajo criminalmente, sino que compró de forma legítima (solo violando la citada provisão régia de 1721) los cinco plantones y mil semillas de la valiosa planta, y que se convertiría en el “Brasiliae fulcrum”, la bella expresión de Afonso Taunay (MAGALHÃES, 1939, p. 57).

 

Los primeros cultivos se realizaron en Belém (Región Norte), y más tarde las plántulas fueron utilizadas en las plantaciones en la Región Nordeste (Maranhão y Bahia).


Entre 1760 y 1762, según Magalhães (1939, p.85), por iniciativa del juez João Alberto Castelo-Branco, las semillas de las rubiáceas fueron de Maranhão hasta Río de Janeiro, las cuales plantadas en la capital del virreinato proporcionaron los granos de café de la provincia fluminense y posteriormente también los de Minas Gerais, São Paulo y otras regiones, como Espírito Santo y Bahía.

 

Fue en Río de Janeiro, Guimarães (2010, p.24), especialmente en las regiones más altas, donde el arbusto encontró las características ideales para su cultivo, tales como suelo y clima. Según el autor, también a principios del siglo XIX, el cultivo se expandió hacia el oeste de Río de Janeiro, introduciéndose en la región del Vale do Paraíba en el territorio fluminense y paulista, el denominado “viejo oeste” de São Paulo. La llegada de la Corte a Río de Janeiro en 1808 fue un hito durante el auge de la expansión del café.

 

En la primera parte del siglo XX, el éxito de la caficultura en São Paulo convirtió al estado en uno de los más ricos del país, hecho que influyó en la política. Importantes hacendados nombraron o se convirtieron en presidentes de Brasil.

 

El café no dictó apenas el rumbo de la economía brasileña: la riqueza producida en las plantaciones también orientó el curso político del país durante muchas décadas. Desde barones del café hasta las medidas de valorización adoptadas por Getúlio Vargas, los cafetales tuvieron gran influencia en el círculo de poder (ELIAS, 2010, p. 27).

 

Durante el período imperial (1822-1889), se hizo necesaria una mayor negociación entre los grandes cafetaleros y el centro del poder político. La Constitución de 1824 tenía un carácter centralizador y el poder estaba en manos del emperador. A partir de la Constitución de 1891 (republicana y federalista), las élites económicas locales comenzaron a tener más influencia en la toma de decisiones políticas. El dominio de los grandes productores de café se fortaleció con los gobiernos militares de Deodoro da Fonseca (1889-1891) y Floriano Peixoto (1891-1894). El primero presidente civil Prudente de Moraes (1894-1898), nacido en una finca cafetalera, y con el establecimiento de la llamada “política de los gobernadores” por parte de su sucesor Campos Salles (1898-1902), se creó la fórmula para la sucesión presidencial, que estaba configurada de la siguiente forma: las élites de los estados productores de café (principalmente São Paulo, Río de Janeiro y Minas Gerais) elegían un candidato presidencial que competiría contra un candidato que desde el principio ya se encontraba condenado a la derrota. Esto sucedía porque los resultados de las elecciones eran sometidos a una comisión de verificación vinculada directamente al gobierno y al grupo político y económico instalado en el poder.

 

Durante la Primera República, el sistema político pasó a ser conocido como la Política do Café com Leite, que se refería a la preponderancia de los estados más ricos de la Federación: São Paulo (el mayor productor de café) y Minas Gerais (notable productor agropastoril, principalmente de ganadería, y un considerable productor de leche).

 

La Política do Café com Leite acabó en 1930 con la elección presidencial y el movimiento revolucionario que llevó al poder a Getúlio Vargas. Aun así, el propio Getúlio tuvo que adoptar medidas para proteger a los productores de café que en ese momento enfrentaban una crisis económica, manteniendo su importante papel en el comercio nacional y en el panorama político.

 

Por supuesto, el café siguió frecuentando los palacios de Río de Janeiro y, a partir de 1960, los de Brasilia. Pero ahora brindando su sabor en decisiones que sirven a otros intereses económicos, no siempre siendo más nobles que aquellas de los viejos cafetaleros (ELIAS, 2010, p. 27).

 

Este producto maravilloso no solamente tuvo impacto en la economía y política, sino que también inspiró, entre otras manifestaciones artísticas y literarias, algunos versos populares, tal y como lo demuestra una cuarteta popular citada en Bahia, Magalhães (1939, p. 198):


Parece história, parece,

Mas fantasia não é:

A vaca branca dá leite,

E a preta é que dá café.

 

Actualmente, Brasil ocupa la posición del mayor productor y exportador de café (en grano) del mundo. El país se encuentra entre los mayores consumidores, siendo también responsable por más de un tercio de la producción mundial.

 

La rica y curiosa historia del café, que ha condicionado la economía, política, cultura, el arte y hasta la literatura, permite evaluar cuán preciado es este producto para Brasil y el mundo desde sus inicios hasta la actualidad. No en vano, Martins (2012, p.3) cita el más que justo dicho sobre el magnífico líquido negro: “Sostenga una taza exhalando el aroma de un buen café y tendrá la historia en sus manos”.

 

* En 1534, la Corona portuguesa dividió Brasil en 14 capitanías. Grão-Pará fue una de las capitanías de la América Portuguesa, que inicialmente integró el Estado de Grão-Pará y Maranhão. En enero de 1751, el Estado de Maranhão cambió su nombre por el de Estado de Grão-Pará y Maranhão, y su capital fue trasladada de la ciudad de São Luís para Belém do Pará.


Curiosidades:

- En el siglo XIV, el café, arraigado en la cultura islámica, se incluyó en la legislación turca, según la cual las esposas podían pedir el divorcio si sus maridos no abasteciesen la casa con una determinada cantidad de café. Correspondiendo a Turquía, ser pionera en el “hábito del café”, convirtiéndose allí en un refinado ritual. (MARTINS, 2010);


- El café sufrió cierta resistencia entre los propios árabes, ya que algunos consideraban sus propiedades incompatibles con las leyes del profeta Mahoma, yendo así en contra de sus creencias religiosas. El poder del café superó los prejuicios e incluso los médicos mahometanos se adhirieron a la bebida para ayudar en la digestión, alegrar el espíritu y alejar el sueño, según narran los escritores de la época.


- Principales productores de café: Brasil, Vietnam, Indonesia, Colombia, India y Etiopía.


- Principales consumidores de café: USA, Brasil, Alemania, Japón, China.

 

 

Recife, 4 de septiembre de 2015. 

fuentes consulted

ELIAS, Rodrigo. Do cafezal ao cafezinho. Revista de História da Biblioteca Nacional, Rio de Janeiro, a. 5, n. 57, p. 27, jun. 2010.

GUIMARÃES, Carlos Gabriel. O café e a conta.  Revista de História da Biblioteca Nacional, Rio de Janeiro, a. 5, n. 57, p. 24-26, jun. 2010.

MAGALHÃES, Basílio de. O Café na História, no Folclore e nas Belas-Artes.  2 ed. São Paulo: Companhia Editora Nacional,1939. (Série 5ª - Brasiliana, v. 174). Disponível em : <http://www.brasiliana.usp.br/bbd/handle/1918/02385800#page/4/mode/1up>. Acesso em : 24 ago. 2015.

MARTINS, Ana Luíza. Elixir do mundo moderno: fruto exótico em sua origem africana, o café se tornou um produto cobiçado, sinônimo de luxo e elegância. Revista de História da Biblioteca Nacional, Rio de Janeiro, a. 5, n. 57, p. 20-23, jun. 2010.

MARTINS, Ana Luiza. Historia do Café. 2. ed. São Paulo: Contexto, 2012.

MELLO, Sueli. A Saga do café.  São Paulo. Problemas Brasileiros, a. 42, n. 367, p. 4- 9, jan./fev. 2005.

MISTRO, Julio César.  A cultura do café. São Paulo: Instituto Agronômico (IAC/APTA), 2012. Disponível em: <https://petfaem.files.wordpress.com/2013/10/a-cultura-do-cafc3a9.pdf>. Acesso em:  17 ago. 2015.

NEVES, C. A estória do café. Rio de janeiro: Instituto Brasileiro do Café, 1974.

TAUNAY, A. de E. História do café no Brasil: no Brasil Imperial: 1822-1872. Rio de Janeiro: Departamento Nacional do Café, 1939.

cómo citar este texto

VERARDI, Cláudia Albuquerque. Café: origem e tradição. In: Pesquisa Escolar. Recife: Fundação Joaquim Nabuco, 2015. Disponible en:https://pesquisaescolar.fundaj.gov.br/es/artigo/cafe-origen-y-tradicion/. Acceso el: día mes año. (Por Ej.: 6 ago. 2020.)