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Maracatús de nación o de Baque Virado

Identifica el origen del maracatús de nación en las celebraciones de la Coronación de los Reyes del Congo1 que sucedían en varias partes de Brasil desde el periodo colonial.

Maracatús de nación o de Baque Virado

Artículo disponible en: PT-BR

Pasado actualización: 27/03/2020

Por: Sylvia Costa Couceiro - Investigador en la Dirección de Investigación Social de Fundaj

La gran mayoría de los autores que han estudiado y escrito sobre el maracatús de nación tenían como una de las preocupaciones centrales de su análisis de la cuestión del origen de tal manifestación.

De Mário de Andrade a Guerra Peixe pasando por Câmara Cascudo y otros innúmeros autores, la mayoría de ellos, en mayor o menor medida, identifica el origen del maracatús de nación en las celebraciones de la Coronación de los Reyes del Congo1 que sucedían en varias partes de Brasil desde el periodo colonial.

Esta línea de razonamiento, que busca a toda costa identificar el lugar de nacimiento de dicha manifestación en su pureza original africana, refuerza la idea de que los maracatús de nación son producto único de esas tradiciones, desechando las mezclas y transformaciones que se han producido a lo largo de los siglos.

Lo que podemos recalcar es que las primeras noticias de la existencia de los maracatús de nación se confunden no sólo con las fiestas de coronación de los reyes del Congo, pero también con todo tipo de batucadas y celebraciones organizadas por los negros en la segunda mitad del siglo XIX. En esa fase, en Recife eran comunes las quejas en los periódicos sobre esta manifestación, visto por la elite como un "antro de vagos y maleantes", perturbadora de la paz y el orden público.

El periódico A Província divulgaba en 1877, una materia que mostraba la imagen que se tenía de la juerga en la ciudad:
¡Maracatú!

No es necesario describirlo, todos podemos hablar de la experiencia; ¡El maracatú es un acto infame, estúpido y triste! [...] Pero ¿por qué lo consentimos? ¿Pues el pueblo [...], horda de esclavos ociosos que ejecuta el maracatú no puede divertirse en el carnaval de manera menos estúpidamente infame y triste, y degradante e incómodo? [...] ¿Es civilizada una sociedad que tolera el maracatú? ¡Esto no lo es! [...]2

En el cambio de siglo del XIX al XX, reflejadas en el liberalismo europeo y las creencias "científicas" de la época, que creían en la inferioridad racial de los negros, las prácticas culturales afrodescendientes pasaron a ser objeto de intensa persecución policial. Las religiones fueron criminalizadas, acusados de prácticas de curandería/charlatanería, siendo sus seguidores detenidos y acusados de ejercicio ilegal de la medicina. Las batucadas, ya sea de Shangó o Maracatú, invariablemente recibían inspecciones de la policía, que detenían a sus practicantes y recogían los objetos de culto que se encontraban en el sitio.

A principios del siglo XX, Pereira da Costa, en su libro Folk-Lore Pernambucano, realiza la primera descripción detallada de un desfile de maracatú: consiste en una procesión real, que desfila

con toda solemnidad inherente a la realeza, y recubierto, por lo tanto de galas y opulencias [...] rompe la procesión un estandarte [...], seguido en alas dos cordones de mujeres bellamente adornadas [...], figurando en el medio de estos cordones varios personajes que dirigen los fetiches religiosos [...]. Cerrando el desfile el rey y la reina [...] ostentando las insignias de la realeza, como coronas, cetros y largo mantos.3

Muchos escritores e intelectuales registraron sus impresiones y experiencias sobre los maracatús de Recife. Mário Sette, en Maxambombas e maracatús, relata sus impresiones de niño, dejando al descubierto sus miedos y reproduce la imagen de maracatús como algo melancólico y sombrío. Fernando Pio, en el libro Meu Recife de outrora: crônicas de Recife antigo, refleja una visión similar a la de Mario Sette sobre la manifestación, utilizando una serie de adjetivos negativos, a pesar de hacer hincapié en el carácter pintoresco e interesantes de los grupos. En los años treinta, José Lins do Rego en su novela O moleque Ricardo presenta una visión similar sobre el maracatú, destacándolo como una expresión cuyo punto de resalte era la tristeza.

Las imágenes construidas sobre el maracatú a lo largo del siglo XX por viajeros, escritores y memorialistas son múltiples y complejas, como podemos ver, realzando siempre los aspectos evaluados como negativo. Se consideraba la juerga como grotesca, melancólica y triste, animada por una música repetitiva, ruidosa, inexpresiva, además presentarla como una manifestación de cierta manera frágil, ya que ésta estaba siempre en peligro de extinción.

De la persecución policial a la manifestación símbolo de Pernambuco

Desde los años de 1930, cuando la difusión de las ideas modernistas y de la realización del primer Congreso afro-brasileño, hemos visto ocurrir un movimiento de transformación en la visión de la sociedad sobre los maracatús de nación. En la búsqueda de símbolos que representaran el estado de Pernambuco y de su pueblo, los intelectuales indagan en la cultura popular la fuente de inspiración. Las manifestaciones antes consideradas como retrasadas, restos de un pasado colonial que a toda costa se quería ocultar, pasan a ser vistas, ocupando nuevos espacios en el contexto cultural del Estado.

Entre las manifestaciones elegidas como representantes de "pernambucanidad" hallamos el maracatú de nación. En un proceso lento y gradual de legitimación, el maracatú asciende desde un lugar de discriminación y exclusión a un espacio que lo reconoce como parte de la cultura popular más tradicional y auténtica, emblema legítimo del Estado.

En este proceso, fue fundamental la participación de artistas e intelectuales que, transitando por el universo de la cultura popular, trajeron elementos de los maracatús, los que hasta entonces eran blancos de un estricto control policial, a espacios frecuentados por la élite. Poetas como Ascenso Ferreira, músicos y compositores como Capiba y Nelson Ferreira, pintores y fotógrafos como Lula Cardoso Ayres y Alexander Berzin y el escultor Abelardo da Hora, actuaron en este proceso de incorporación del maracatú como un elemento importante de la cultura de Pernambuco.
Noche de los tambores silenciosos

En 1961, el periodista y folclorista Paulo Vianna, junto con algunos intelectuales y participantes de los maracatús de nación, organizó una ceremonia que reunía a los grupos de este tipo de maracatú en la ciudad de Recife, con el fin de rendir homenaje a la memoria de los negros que murieron en cautiverio

El espectáculo se ha repetido desde entonces, hoy parte del calendario del carnaval de Recife, que constituye una tradición. Tanto instituciones públicas que organizan el carnaval como grupos afrodescendientes están dispuestos a mantenerlo. La ceremonia/homenaje fue bautizada como Noche de los Tambores Silenciosos, y desde entonces tiene lugar cada lunes de Carnaval en el Patio de Terço, situado en el barrio de São José, zona central de la ciudad.

El evento es un hito en una larga trayectoria en la historia de los maracatús de nación, tomándolos como símbolos de la cultura negra, y también marcando su contribución significativa a la afirmación de la identidad cultural del estado de Pernambuco.
Nuevos toques y mezclas

En la actualidad los maracatús de estilo nación constituyen un fuerte ícono de la cultura de Pernambuco, principalmente debido a la incorporación de su sonido en la música producida por los grupos locales y las bandas que surgieron en la década de 1990. El surgimiento del Maracatú Nacao Pernambuco y el nuevo momento en la escena musical pernambucana, con el nacimiento del movimiento Manguebeat, proponiendo, entre otras cosas, la fusión del rock con elementos que se consideran representativos de la "verdadera" y "tradicional" cultura de Pernambuco, como ritmos, danzas y otras prácticas populares, trajeron a la luz pública los maracatús. Promover la verdadera alquimia musical, Chico Science y Nacao Zumbi, Mundo Livre SA, y otras bandas comenzaron a usar sonido pesado y golpear los instrumentos de maracatús en sus arreglos musicales, inaugurando un nuevo ciclo para la manifestación, elevando ante las camadas medias su prestigio e importancia.

La participación de los maracatús de nación como representante de la cultura de Pernambuco se ha intensificado en eventos en todo el mundo. Desde inicios de la década de 2000, el percusionista Naná Vasconcelos participa, junto con profesores y más de 700 percusionistas de batucadas de diversos grupos de maracatús de nación de Recife, en la ceremonia de inauguración oficial del carnaval de la ciudad. Después de semanas de ensayos en diferentes barrios y comunidades de los integrantes, grupos de diversos orígenes y diferentes toques hacen una presentación conjunta ante un numeroso público reunido en la Plaza do Marco Zero, en el barrio de Recife, bajo la dirección del percusionista, abriendo las festividades del carnaval.

Así, de una juerga discriminada y perseguida por la policía en las últimas dos décadas del siglo XX el maracatú se eleva a la máxima expresión de la cultura local, síntesis del sentimiento de "ser pernambucano". Hoy, al abrir los periódicos, no encontramos cuestiones discriminatorias sobre sus participantes, sino los informes de noticias y titulares que ensalzan la fuerza y vigor del ritmo y su identificación con la cultura de la gente del estado, como en el Jornal do Commercio de enero de 2007
"El maracatú está de moda":

La clase media fue seducida por el maracatú. El sonido contagioso de alfaias, agbês, agogós, tamborcillos y otros instrumentos de percusión forma hoy parte de la gente común que, hace unas décadas, nunca habría imaginado estar tocando en estos grupos. Un giro los fines de semana en las calles del Barrio de Recife, en la capital de Pernambuco, o por las laderas de Olinda, revela el creciente interés por la tradición africana. La discriminación fue olvidada. Y con la proximidad del carnaval, la realidad es más evidente. Niños, adolescentes y adultos, pernambucanos o no, brasileños o del extranjero, famosos o anónimos, TODOS SE RINDEN AL RITMO DE LOS TAMBORES.4

Notas:

1 Para más detalles sobre las ceremonias de Coronación de los Reyes del Congo, ver Mello y Souza, Marina. Reis negros no Brasil escravista. História da festa de coroação de rei Congo. Belo Horizonte: UFMG, 2002.
2 (traducción libre) Periódico A Província, Recife, 16 feb. 1877 apud RABELLO, Evandro. Memórias da folia: o carnaval do Recife pelos olhos da imprensa 1822/1925. Recife: Funcultura, 2004, p. 198.
3 PEREIRA DA COSTA, F. A. Folk-lore pernambucano: subsídios para a história da poesia popular em Pernambuco. Recife: Archivo Público Estatal, 1974. p. 216.
4 Jornal do Commercio, Recife, 28 jan. 2007. p. 4. Destaque da autora. Traducción libre.

Recife, 9 de julio de 2010.

fuentes consulted

MELLO E SOUZA, Marina. Reis negros no Brasil escravista: história da festa de coroação de rei Congo. Belo Horizonte: UFMG, 2002.

PEREIRA DA COSTA, F. A. Folk-lore pernambucano: subsídios para a história da poesia popular em Pernambuco. Recife, Arquivo Público Estadual, 1974, pág.216.

RABELLO, Evandro. Memórias da folia: o carnaval do Recife pelos olhos da imprensa 1822/1925. Recife: Funcultura, 2004, p. 198.

cómo citar este texto

COUCEIRO, Sylvia. Maracatus-nação. Pesquisa Escolar Online, Fundação Joaquim Nabuco,  Recife. Disponible en:<http://basilio.fundaj.gov.br/pesquisaescolar>. Acceso en: día mes año. Ej.: 6 ago. 2009.