Imagem card

Casa das Minas / Querebendã de Zomadônu

Es la casa de religión afrobrasileña más antigua de Maranhão y una de las más antiguas de Brasil.

Casa das Minas / Querebendã de Zomadônu

Artículo disponible en: PT-BR ENG

Pasado actualización: 02/05/2023

Por: Júlia Morim - Consultor Fundação Joaquim Nabuco / Unesco - Científico Social, Magíster en Antropología

La Casa das Minas, o Querebendã de Zomadônu, ubicada en la Rua São Pantaleão, actual Rua Senador Costa Rodrigues, 857 / 857a, barrio de la Madre de Deus, en São Luís, es la más antigua casa de religión afrobrasileña de Maranhão y una de las más antiguas de Brasil. Probablemente, fue fundada a mediados del siglo XIX por negros jeje oriundos del sur de Benin (antiguo Dahomey).

La memoria oral, transmitida entre generaciones, cuenta que la Casa das Minas fue fundada por Maria Jesuína – que adoraba Zomadônu y que habría pasado por el ritual para convertirse en madre estando aún en África. Pocas informaciones sobre la fundadora de la casa fueron transmitidas por las integrantes mayores a las más jóvenes; sin embargo, existe la posibilidad de que Maria Jesuína haya sido la Reina Nã Agotimé, o haber sido hija de santo de ella, a pesar del nombre de la reina no ser reconocido por las hijas de la casa. (FERRETTI, 1996, p. 59).

Según Ferretti (2008, p. 19),

[Pierre] Verger presentó la hipótesis, confirmada en 1985 por expertos de la Unesco, de que la reina Na-Agontimé, viuda del rey Agonglô y madre del futuro rey Ghezo, fue vendida por un hijastro a los negreiros y traída a São Luís, en Maranhão, donde se hizo conocida como Mãe Maria Jesuína, de Toi Zomadônu, que fundó la Casa das Minas e introdujo el culto de los vudúes de Dahomey en Brasil. Zomadónu es considerado el vudú más poderoso del Reino Fon en Abomey y su nombre significa “no se pone el fuego en la boca”, lo que traduce la importancia de los secretos para esta religión.

El documento más antiguo de que se tiene noticia sobre la Casa das Minas es la escritura del edificio de la esquina, data de 1847 y está en nombre de Maria Jesuína y sus compañeras. Las primeras madres, jefas de la casa, eran africanas. De acuerdo con relatos de integrantes de la casa, algunas tenían el rostro con marcas tribales y apenas hablaban portugués (FERRETTI, 1996, p. 59). Ya en las primeras décadas del siglo XX, las madres eran criollas. Durante 40 años (1915-1954), la casa fue dirigida por la madre Andresa, que se destacó por su bondad, gran conocimiento religioso, articulación entre otras casas y con la sociedad en general (recibió diversos investigadores durante su gestión, entre ellos Roger Bastide y Pierre Verger). Actualmente, la Casa está bajo el mando de doña Deni, iniciada por la madre Andresa. (FERRETTI, 2012).

Un templo donde todos sus espacios son sagrados, la Casa das Minas ocupa un área de 1.500 m², en un barrio poblado y antiguo, y está compuesta por tres edificaciones de una sola planta, siendo dos adosadas, interconectadas internamente por un patio central, constituyendo un formato de U. Dos de ellas fueron construidas en el siglo XIX, una, en la primera mitad, y otra, en la segunda; y la tercera, en la segunda mitad del siglo XX. El espacio arquitectónico se divide de acuerdo con las divisiones entre vudúes: cada parte de la casa está destinada a familias específicas de las entidades africanas adoradas. Por exigencia del culto, en la Casa hay varios ambientes con tierra batida: el comé o cuarto de todos los vudúes; el patio o gume; el balcón de baile o guma; la cocina donde se preparan los alimentos de los rituales en calderos de hierro sobre tempre, hecho con fuego a leña en el suelo. En el patio, como un pedazo de bosque sagrado africano, hay árboles considerados sagrados y plantas locales con efectos medicinales utilizados en los cultos.

Las piedras de asentamiento de la Casa, que reciben la fuerza de vudúes y representan deidades, también llamadas cimientos, fueron traídas de África por sus fundadoras. Están asentadas en varias partes de la casa y se cree que allí reside la fuerza mágica de las deidades y es por donde llega primero la fuerza del vudú, antes de ir a las hijas.

La comunidad de la Casa das Minas está compuesta en su mayoría por mujeres, que tienen roles y cargos importantes. Los hombres tienen una actuación específica y limitada, con la función principal de tocar los tambores (no reciben vudúes). Es un grupo religioso discreto y muy tradicional que adora deidades llamadas vudúes: entidades a las que se pide ayuda; que poseen defectos y están esparcidos para administrar el universo; que están jerárquicamente entre los hombres y los santos y, así, hacen el intermedio entre ellos.

Las deidades adoradas están divididas en tres grupos o familias: Davice, Quevioçô y Dambirá, cada una con características propias. Los Davice son de la familia real, formada por vudúes, que son nobles. Los Quevioçô, casi todos mudos, son de las aguas y de los astros. Los Dambirá son de la tierra, combaten enfermedades y pestes y curan con raíces y medicinas.

Los vudúes masculinos se llaman toi y los vudúes femeninos se llaman noche. Los vudúes más jóvenes se llaman toqüês o toqüenos. Están también las tobossis (niñas), entidades femeninas infantiles, recibidas solo por vuduistas-gonjaís, aquellas que hicieron un proceso especial de iniciación para ser hijas completas. Sin embargo, no hay más gonjaí viva (las últimas murieron en la década de 1970), de modo que estas entidades ya no frecuentan la Casa das Minas.

Los cultos y ritos promovidos por la Casa das Minas están dirigidos a los cerca de 45 vudúes adorados. El toque de los tambores y los cantos los llaman. Cada médium solo puede tener un vudú, sin embargo, este puede tener más de una hija, también llamada bailarina. Mientras están en posesión de las vuduistas, los vudúes no comen, no beben y no duermen, por lo que no pueden quedarse demasiado tiempo para no debilitarlos. Como el vudú es fuerza, el médium necesita prepararse para recibirlo. Cada vudú tiene un papel específico junto a la naturaleza – el agua, los vientos, las plantas, las enfermedades – y adora a un santo. Por lo tanto, la gente pide ayuda al vudú y este pide a su santo de adoración.

Las ceremonias, divididas en una parte pública y una privada, tienen lugar mayoritariamente en días de importantes santos católicos. Por lo general, las fiestas duran tres días: la víspera, el día del santo y el día siguiente. Es en estos días que los vudúes se comunican con sus fieles. Las bailarinas los reciben a través del trance. Los vudúes bailan, cantan y juegan. En los descansos visitan a sus hijos, dan consejos, enseñan medicina.

Según Ferretti (1996), se celebran aproximadamente diez fiestas al año, divididas en las siguientes categorías: fiestas de cumpleaños de vudúes, fiesta de lo Divino y fiestas de obligación. Las de cumpleaños deben ser promovidas por la bailarina de aquel vudú y tienen duración de un día. La del Divino dura cinco días y ocurre entre los meses de mayo y junio. Las de obligación son especiales, duran tres días y no pueden dejar de realizarse. Son ellas: el 4 de diciembre, día de Santa Bárbara; el 25 de diciembre; el 19, 20 y 21 de enero, cuando se conmemora San Sebastián; antes del carnaval; el Miércoles de Ceniza; el Sábado de Aleluya. Para el autor, “las fiestas de terrero son, pues, una obligación realizada por devoción y promesa, al mismo tiempo que una broma en compensación a su carácter penoso de obligación”. (FERRETTI, 1996, p. 142).

La continuidad de la Casa das Minas ha sido motivo de preocupación para los estudiosos. Las actividades de la Casa das Minas son ejercidas con rigidez, haciendo que nuevos integrantes no se sientan atraídos. El cuadro reducido de participantes, la pérdida de rituales importantes, la preservación de los secretos (sin ser transmitidos), el crecimiento de religiones pentecostales y la persecución de terreros contribuyen a su declive. En un artículo, Ferretti (2012, p. 7) reflexiona sobre este proceso:

la Casa das Minas se encuentra en declive desde hace mucho tiempo. Este declive se acentuó tras la muerte de las últimas gonjaí en la década de 1970. Pero como desde 1914 no se han preparado otras gonjaí, podemos concluir que desde esta fecha se inicia prácticamente el declive de la Casa, aunque ha habido periodos con mayor número de participantes en el grupo de culto.

Aun así, la Casa das Minas prosigue realizando sus obligaciones y viene estableciendo estrategias para la continuación de sus actividades, a ejemplo de la promoción de fiestas del catolicismo y de la cultura popular. Cabe destacar que, aunque hay un proceso de declive, la Casa das Minas es un ejemplo de resistencia, ya que otras casas de la misma época ya no existen.

En 2000, como una forma de resistencia y permanencia, así como de reconocimiento de los casi doscientos años de actuación, la jefa de la casa solicitó la demolición de la Casa das Minas a nivel federal. El pedido fue una demanda al Estado por valorización y por protección jurídica de su espacio físico, garantizando así su continuidad. El dictamen de la 3.ª Superintendencia Regional del Iphan (BRITO; BOGÉA, 2001), que recomienda la demolición del terrero, destaca su innegable valor etnográfico “a pesar del supuesto fin de la vida activa de la Casa das Minas”. La opinión de Luiz Phelipe Andrès, miembro del Consejo Consultivo del Iphan, órgano responsable por la preservación del patrimonio nacional, resalta el papel del espacio físico de la casa:


En última instancia, el Querebendã de Zomadônu ha sobrevivido hasta nuestros días porque los rituales se han conservado, y los rituales se han conservado porque poseen su “lócus” de celebración que es la Casa. La Casa es el cuerpo, y como tal es “orgánica” en sus materiales y formas (ANDRÈS, 2001, p. 6-7).

En defensa de la demolición, Ferretti (2000, p. 6) alega:

 La Casa das Minas es uno de los ejemplos más expresivos de afirmación de identidad étnica por afrobrasileños y de la valorización de una cultura, aun cuando esta no es vista por los de afuera como la más evolucionada o auténtica. Por estas y otras razones, merece ser catalogada como bien cultural por el patrimonio histórico.

En 2005, el terrero da Casa das Minas (el inmueble) fue inscrito como patrimonio nacional en el Livro do Tombo Histórico y en el Livro do Tombo Arqueológico, Etnográfico y paisajístico, reconociendo su importancia y, consecuentemente, la contribución del negro para la construcción de la nación brasileña.

 

 

Recife, 7 de mayo de 2014.

 

fuentes consulted

ANDRÈS, Luiz Phelipe de Carvalho Castro.  Parecer do membro do Conselho Consultivo do IPHAN, Luiz Phelipe Andrès sobre o Processo nº 1464-T-00 de Tombamento da Casa das Minas. In: COMISSÃO MARANHENSE DE FOLCLORE (Org.). Boletim On-Line n. 24, São Luis, p. 4-7, dez. 2001. Disponível em:< http://www.cmfolclore.ufma.br/arquivos/b9763d00ea737bafaeb3ec1e6d3b1a26.pdf>. Acesso em: 17 mar. 2014.

BRITO, Stella Regina Soares de; BOGÉA, Kátia Santos. Parecer da 3ª SR/IPHAN, de 17 de agosto de 2001, à folha 178 do Processo de Tombamento nº 1464-T-00 – Terreiro Casa das Minas. Mimeo.

FERRETTI, Sérgio. Querebentã de Zomadônu – Etnografia da Casa das Minas do Maranhão. 2. ed. rev. atual. São Luís: EDUFMA, 1996.

______. A importância da Casa das Minas do Maranhão. In: COMISSÃO MARANHENSE DE FOLCLORE (Org.). Boletim On-Line n. 16, São Luís, p. 5-7, ago. 2000. Disponível em: <http://www.cmfolclore.ufma.br/arquivos/4abbce9b6d214e578683cf72f03e1325.pdf>. Acesso em: 12 mar. 2014.

______. Estórias da Casa Grande das Minas Jeje. In: IPHAN. Casa das Minas, Querebentã de Zomadonu. São Luís: Iphan, 2008. p 15-24.

______. O longo declínio da Casa das Minas do Maranhão – um caso de suicídio cultural? 2012. Disponível em: <http://www.museuafro.ufma.br/arquivos/5e467aa1f2be08c8c4f0d4cf2190c346.pdf>. Acesso em: 10 mar. 2014. 

cómo citar este texto

MORIM, Júlia. Casa Das Minas/ Querebendã de Zomadônu. In: Investigación Escolar. Recife: Fundación Joaquim Nabuco, 2014. Disponible en: https://pesquisaescolar.fundaj.gov.br/es/artigo/casa-das-minas-querebenda-de-zomadonu/. Acceso el: día mes año. (Por Ej.: 6 ago. 2020.)